Todos conocemos aunque de nombre a Freud. Médico especializado en neurología que vivió durante la segunda mitad del siglo XIX y principios del siglo XX, creador del psicoanálisis.

Freud pensaba que siempre existe una tensión entre el ser humano y el entorno de este ser humano, y que no siempre la razón dirige nuestros actos. Demostró que las necesidades básicas o fundamentales pueden “disfrasarse” o “enmascararse” y de este modo dirigir nuestros actos sin que nos demos cuenta de ello. Llegó a la conclusión de que la consciencia del hombre solo constituye una pequeña parte de la mente humana.

Utilizó al expresión “lo subconsciente” para cosas que hemos reprimido, es decir cosas que hemos intentado olvidar porque nos eran “desagradables”, “indecorosas” o “repulsivas”. Cuando nos quedamos “en blanco”, y luego lo tenemos “en la punta de la lengua” y más tarde “de pronto nos acordamos”, estamos hablando precisamente de algo que ah estado en el subconsciente y que de repente se mete por la puerta entreabierta hacia la consciencia. Luego es como si de pronto todas las puertas y todos los cajones del archivo se abriesen de par en par. Eso ocurre cuando hemos “levantado un poco la tapadera” del subconsciente, es lo que podemos llamar inspiración.
Para los artistas, los creativos, los emprendedores es muy importante dar rienda suelta a la imaginación. Seguro haya un elemento del subconsciente en todo proceso creativo.

En el transcurso de la inspiración, si no nos censuramos a nosotros mismos, van surgiendo de nuestra consciencia “pensamientos mutantes” uno tras otro. Pero sólo se pueden emplear algunos de estos pensamientos. Aquí es donde entra en juego la razón, pues ella también desempeña una importante función.

Llamamos entonces creatividad cuando se crea algo nuevo, y eso ocurre precisamente mediante un delicado equilibrio de fuerzas entre la imaginación y la razón. Tal vez sea la imaginación la que crea algo nuevo, pero no es la imaginación la que realiza la selección adecuada.

Una composición surge de una extraña interacción entre la imaginación y la razón, o entre el espíritu y la reflexión. Siempre hay algo casual en un proceso creador.

En nuestro caso como emprendedores, necesitamos estar conectados con la gente y con nosotros mismos. Con las demás personas interpretando sus verdaderas necesidades, su contexto, sus demandas insatisfechas, y con uno mismo en ese proceso de liberación del subconsciente, de inspiración, de selección y de creatividad.

 

La mayor parte de la nota es plagio del libro “el mundo de Sofía”, pero hubo un orden para mostrar una idea.

Saludos!

 

Mariano (del cuatri pasado)

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"siempre hay algo casual en un proceso creador"...se me viene la película del creador de Facebook

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